La mecánica social o la facultad de la Inercia

Qué es lo que provoca que
el coyote falle en capturar al veloz pájaro,
a pesar de toda la Tecnología Acme que posee?
será su exceso de obstinación?
o falta de meditación?
la tentación lleva a decir la impaciencia,
la poca calma al enfrentarse a los instantes decisivos.
¿Nuestra disposición, cuando un auto pasa y el charco de agua cae sobre los hombros de nuestro traje favorito de fiesta, cuál debiese ser? ya no podremos disfrutar del evento, porque nos sentimos como un perro regañado por sus dueños. ¿Quiénes son nuestros dueños en una fiesta?
dependemos tanto de las muestras de afectos de los otros,
¿nuestros esfuerzos por agradar rendirán frutos?
¿tenemos la complacencia de disfrutar mientras movemos la cola?
Los casos de aceptación social son infinitos, nunca terminan de someternos.
cuándo lograremos realmente aceptarnos en nuestra condición,
cuándo podremos ladrar felices a esas sombras que nos golpean tan duro.
La desesperación por el frío nos genera la necesidad de un viaje a un desierto, para luego terminar de vuelta en nuestro hogar frío, ahora insolados y acostados frente a la fogata.
Estos son algunos motivos de estos raros desasosiegos inducidos, tan propio de estudiantes que una vez terminada su formación buscan volver a su estado inicial de no iniciados. El "acostumbramiento" al auto tropezón premeditado o la facultad de la inercia.
Saber mantener la sangre templada para no provocar ni el mas mínimo temblor nervioso.
Nada de aquello es permitido en mundos competitivos
o bien se te suma a tu cuenta "bancaria" (que es abstracta, ahí opera la mecánica) de deudas.
Ni el pie tiene permitido equivocarse al shotear el balón hasta el arco descubierto en el último minuto de la pichanga del barrio, todo ello tiene costos muy altos y se trasladan al campo familiar y al campo amistoso, menos al campo rural.
Una de las tantas capacidades que la inteligencia colectiva no nos puede heredar es descubrir nuestras capacidades, por ej la valentía del León cobarde o el cuerpo emocional del hombre de hojalata en el Mago de Oz.
eso es asunto del mero trabajo solitario con otros, de la constante iniciación y re-iniciación de nuestros dones, de las aptitudes.
Dejar a nuestra mente y cuerpo que cumplan sus antojos en variadas situaciones, como lo son las densidades psíquicas de la Neura, sobre todo frente a personas extrañas.
Con antojo me refiero en su sentido menos imitativo, y más particular del individuo.
Aquello es clave al parecer, para escapar de esta condición mecánica o reproductiva en la que habitamos.
Algunas circunstancias que ya están ultra pre visualizadas con gente cercana concibe logros seguros, siendo que encubren una tragedia que se vuelve recurrente. Ahí está la ceguera de Orfeo, ese espiral de protecciones que nos vela de las situaciones, lo que nos dicen esas situaciones.
El reconocimiento de lo colectivo en nosotros puede tener un doble filo, llamar a ecos de una memoria tenaz y des-contextualizada del trabajo de su época.
Lo central aquí me parece en ese mecanismo es que nos lleva a caer, programadamente errar, porque esa es su función hacernos difícil el camino.
La pérdida real es cuando un objetivo que no es nuestro se alcanza.
O a su vez su opuesto,
el dictamen inconsciente respecto de
un logro, nuevamente caer al piso.
a pesar de toda la Tecnología Acme que posee?
será su exceso de obstinación?
o falta de meditación?
la tentación lleva a decir la impaciencia,
la poca calma al enfrentarse a los instantes decisivos.
¿Nuestra disposición, cuando un auto pasa y el charco de agua cae sobre los hombros de nuestro traje favorito de fiesta, cuál debiese ser? ya no podremos disfrutar del evento, porque nos sentimos como un perro regañado por sus dueños. ¿Quiénes son nuestros dueños en una fiesta?
dependemos tanto de las muestras de afectos de los otros,
¿nuestros esfuerzos por agradar rendirán frutos?
¿tenemos la complacencia de disfrutar mientras movemos la cola?
Los casos de aceptación social son infinitos, nunca terminan de someternos.
cuándo lograremos realmente aceptarnos en nuestra condición,
cuándo podremos ladrar felices a esas sombras que nos golpean tan duro.
La desesperación por el frío nos genera la necesidad de un viaje a un desierto, para luego terminar de vuelta en nuestro hogar frío, ahora insolados y acostados frente a la fogata.
Estos son algunos motivos de estos raros desasosiegos inducidos, tan propio de estudiantes que una vez terminada su formación buscan volver a su estado inicial de no iniciados. El "acostumbramiento" al auto tropezón premeditado o la facultad de la inercia.
Saber mantener la sangre templada para no provocar ni el mas mínimo temblor nervioso.
Nada de aquello es permitido en mundos competitivos
o bien se te suma a tu cuenta "bancaria" (que es abstracta, ahí opera la mecánica) de deudas.
Ni el pie tiene permitido equivocarse al shotear el balón hasta el arco descubierto en el último minuto de la pichanga del barrio, todo ello tiene costos muy altos y se trasladan al campo familiar y al campo amistoso, menos al campo rural.
Una de las tantas capacidades que la inteligencia colectiva no nos puede heredar es descubrir nuestras capacidades, por ej la valentía del León cobarde o el cuerpo emocional del hombre de hojalata en el Mago de Oz.
eso es asunto del mero trabajo solitario con otros, de la constante iniciación y re-iniciación de nuestros dones, de las aptitudes.
Dejar a nuestra mente y cuerpo que cumplan sus antojos en variadas situaciones, como lo son las densidades psíquicas de la Neura, sobre todo frente a personas extrañas.
Con antojo me refiero en su sentido menos imitativo, y más particular del individuo.
Aquello es clave al parecer, para escapar de esta condición mecánica o reproductiva en la que habitamos.
Algunas circunstancias que ya están ultra pre visualizadas con gente cercana concibe logros seguros, siendo que encubren una tragedia que se vuelve recurrente. Ahí está la ceguera de Orfeo, ese espiral de protecciones que nos vela de las situaciones, lo que nos dicen esas situaciones.
El reconocimiento de lo colectivo en nosotros puede tener un doble filo, llamar a ecos de una memoria tenaz y des-contextualizada del trabajo de su época.
Lo central aquí me parece en ese mecanismo es que nos lleva a caer, programadamente errar, porque esa es su función hacernos difícil el camino.
La pérdida real es cuando un objetivo que no es nuestro se alcanza.
O a su vez su opuesto,
el dictamen inconsciente respecto de
un logro, nuevamente caer al piso.
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el trayecto lentísimo y profundo entre el siempre inigualable desastre y el fracaso cotidiano que deja todo en normalidad, del cual nos configuramos todos, según quienes afirmamos la idea acerca de las ilusiones de triunfos.
La señora desconfiada o al caballero reprimido y conservador que nos habitan por momentos son resultados de estos vaivenes.
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En situaciones de este
tipo, todo radica al parecer en lo minúsculo.
Por ello los segundos posteriores que condensan un placer extraño y relativo son los que sustentan una justificación
y el origen de una próxima desgracia.
Merecidas entonces las consecuencias que llegan desde unos castillos medievales que el masoquismo puso a disposición para que los golpes nos enaltezcan como realizadores de rituales de orden social, sacrificadores.
Estas construcciones resguardadas, vigiladas y protegidas en la imaginación impiden que se desenvuelva el libre flujo de una belleza simple e individual, en vez de aquellos estandartes canónicos que para el vulgo pusieron a disposición gracias a esa sabionda derrota.
Por ello los segundos posteriores que condensan un placer extraño y relativo son los que sustentan una justificación
y el origen de una próxima desgracia.
Merecidas entonces las consecuencias que llegan desde unos castillos medievales que el masoquismo puso a disposición para que los golpes nos enaltezcan como realizadores de rituales de orden social, sacrificadores.
Estas construcciones resguardadas, vigiladas y protegidas en la imaginación impiden que se desenvuelva el libre flujo de una belleza simple e individual, en vez de aquellos estandartes canónicos que para el vulgo pusieron a disposición gracias a esa sabionda derrota.
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El cuerpo que se resiste
a ganar es porque ve en territorios ajenos el descubrir, el conquistar
y de alguna forma saquear a un otro.
Usar un lugar de otro es inmiscuirse, hasta situarse por un momento en él, aquello se percibe y desde luego merece una indemnización.
El cuerpo es temeroso a ese sentimiento de euforia del triunfo, porque la lógica se encargó de que ese lugar este negado históricamente por azar para él.
Habituado en la culpa y el dolor persiste en esa comodidad emocional.
Por la otra orilla camina el aventurero espíritu que lucha con acercarse a su posibilidad de ser Laureado por fin una vez.
Usar un lugar de otro es inmiscuirse, hasta situarse por un momento en él, aquello se percibe y desde luego merece una indemnización.
El cuerpo es temeroso a ese sentimiento de euforia del triunfo, porque la lógica se encargó de que ese lugar este negado históricamente por azar para él.
Habituado en la culpa y el dolor persiste en esa comodidad emocional.
Por la otra orilla camina el aventurero espíritu que lucha con acercarse a su posibilidad de ser Laureado por fin una vez.
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Al parecer los cauces por
donde las conexiones del deseo y cuerpo se nutren han preferido los
caminos menos saludables del ingenio.
Se han ido reproduciendo estos avances entre células y células multiplicadas del pasado, que andan transitando por medio de los golpes ambientales y de la cultura, librándose también dentro, fuertes batallas neuronales del aprendizaje y es ahí donde se deciden las futuras conexiones sintácticas de nuestras familias.
Los bajos niveles de estímulos propios de la vida de los pueblos miran con asombro al otro avanzado, el imperceptible foco del aprendizaje que ha nacido de la caída, se vuelve hábito en un particular estilo lúdico que lleva inevitablemente al ensayo y error.
Se han ido reproduciendo estos avances entre células y células multiplicadas del pasado, que andan transitando por medio de los golpes ambientales y de la cultura, librándose también dentro, fuertes batallas neuronales del aprendizaje y es ahí donde se deciden las futuras conexiones sintácticas de nuestras familias.
Los bajos niveles de estímulos propios de la vida de los pueblos miran con asombro al otro avanzado, el imperceptible foco del aprendizaje que ha nacido de la caída, se vuelve hábito en un particular estilo lúdico que lleva inevitablemente al ensayo y error.
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El placer de aprender y
avanzar en medio de los matorrales espinosos, nos a convertido en
destacados boxeadores, improvisando el uso de las mejillas también
como verdaderos para-choques de truenos.
Por el otro lado está la resistencia, la resilencia, el peso protegido. Todos ellos bajo la eficiente tutela de algún modelo dictado por las Elites.
El ring escuela hace sonar la campanilla para poner a andar el ritmo y el silencio del recibir, como las fluctuaciones ondulatorias de la oferta y la demanda que ponen sus matices nublando todo fin humano o propio.
Así se induce la educación de los ciudadanos mas competentes para que acepten los retos que la vida en común conlleva.
Nadie puede decir que en los capítulos del coyote no sale a relucir el enorme valor de la constancia.
.Por el otro lado está la resistencia, la resilencia, el peso protegido. Todos ellos bajo la eficiente tutela de algún modelo dictado por las Elites.
El ring escuela hace sonar la campanilla para poner a andar el ritmo y el silencio del recibir, como las fluctuaciones ondulatorias de la oferta y la demanda que ponen sus matices nublando todo fin humano o propio.
Así se induce la educación de los ciudadanos mas competentes para que acepten los retos que la vida en común conlleva.
Nadie puede decir que en los capítulos del coyote no sale a relucir el enorme valor de la constancia.
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